Los viernes me gusta salir a desayunar fuera de casa y normalmente los ocupo para conocer lugares nuevos, esto para mí es una buena manera de empezar el fin de semana. No importa si es un restaurante elegante o un puesto en la calle, siempre he tenido curiosidad por lo que se cocina en la ciudad. Los que gustan de hacer algo similar a lo que hago yo se habrán dado cuenta de que la oferta gastronómica en Pachuca ha crecido mucho en los últimos años y que bastante se debe a que muchos jóvenes han escogido la cocina como profesión y se han animado a emprender.

Vivimos tiempos difíciles a causa de un virus y uno de los sectores que peor la están pasando es el que se dedica a vender alimentos y bebidas. Teniendo eso en mente, la semana pasada decidí no romper mi rutina de los viernes e ir a conocer un lugar nuevo. En esa mañana le escribí a Verónica, también fan del buen comer, para que me recomendará algún lugar de los que acostumbra y me recomendó que fuera a una cafetería que se llama “Cusumbo”.

“Cusumbo” resultó ser un lugar pequeño en Plaza Las Américas, más espacio ocupa la cocina, eso sí, muy bien equipada, que el área de servicio que no pasa de unas 4 mesas y algunos espacios en la barra. Yo era el único cliente del lugar y en la cafetería sólo había una persona trabajando. Apenas al sentarme percibí un rico olor a pan recién horneado y le pregunté al joven, que yo creo que no pasaba de los 30 años, qué tipos de pan dulce tenía. Me platicó que en estos momentos no estaba horneando porque había caído mucho la clientela por el problema sanitario, que estaba aprovechando estos momentos para hacer pruebas de pan y minutos antes había sacado del horno una especie de bollos. Me platicaba también que hacía unos días que había tenido que prescindir de sus empleados para poder sortear la emergencia que nos está azotando a todos.

La experiencia fue muy enriquecedora en varios sentidos, siempre me han gustado los restaurantes que tienen su cocina a la vista pero muy pocas veces uno puede presumir, fuera de casa, de que te estén cocinando exclusivamente para ti y puedas estarlo viendo. La cocina es una especie de danza. El cocinero, en soledad, iba de extremo a extremo de la cocina y lo mismo preparaba un café espresso que asaba una pechuga de pollo y ponía a calentar una salsa. El resultado: unas enchiladas suizas acompañadas de ese pan que tenía minutos de haber salido del horno. Las enchiladas tenían un buen sabor pero el desayuno se lo llevó el pan, un bollo suave con un toque dulce, riquísimo. Después de probar el pan decidí dejarlo al final para poderlo disfrutar con calma.

Durante mi estancia en el lugar la plática giró en torno al problema que vivimos hoy por el Covid-19 y en especial a lo duro que es tener en estos momentos un lugar que se dedique a vender alimentos y bebidas. Mucha gente no sale, lo cual es necesario para contener los contagios aunque mientras tanto la economía se deteriora. Pero en las palabras de este cocinero no sólo había esperanza en que todo regrese a la normalidad pronto y su negocio todavía esté ahí; sino que además había trabajo. No estaba sentado lamentando la situación, lo encontré experimentando y haciendo pruebas para mejorar su cocina. Eso me dio esperanza a mí.

Vaya con estas líneas todo mi reconocimiento para todos esos cocineros, meseros, administradores y propietarios de restaurantes, bares, fondas y puestos que hoy la están pasando mal, esperemos que este mal momento pase muy pronto para que los pachuqueños podamos volver a salir a las calles con normalidad y regresemos a comer y beber a sus lugares. Que no les quepa la menor duda de que ustedes nos hacen muy felices. ¡Ánimo, que ya regresaremos y nada nos gustaría más que encontrarlos a todos con las puertas abiertas y los fogones prendidos!.

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