Hace bastante tiempo, Hegel pensó que el arte había muerto y escribió una larga y bella argumentación sobre ello. Desde entonces el arte resucitó y murió nuevamente, varias veces. Algunos otros también declararon muerta a la pintura; inclusive yo, en un momento de fastidio, llegué a pensar que la fotografía artística estaba muerta para mí. Sin embargo, cuando se borran de mi mente esas espantosas composiciones fotográficas de mujeres indígenas con vestidos coloridos o las pretenciosas fotografías teatrales de los alumnos y seguidores de los hermanos Montiel-Klimt, me relajo y pienso que la muerte no existe.

De hecho, yo ya estoy muerto. Morí en mi auto, adentro del «Palomo», porque me dio un paro cardiaco. Mi cuerpo murió pero yo no morí del todo, por eso estoy hablando contigo, mi querido lector. Estas letras negras en tu pantalla o monitor son un puente que nos enlaza. Probablemente el día que escribí estas líneas todavía no nacías pero, desde entonces, yo quería platicar contigo, estimado amigo. Aunque mi cuerpo sea polvo, yo revivo en el instante en el que tú lees estas líneas, por eso te aprecio.

Hay una señora que me molesta como cuando se trae una piedra en el zapato, se llama Avelina Lesper y se autonombra crítica de arte. Vive en la nostalgia, añora a los pintores antiguos como Nicolas Poussin y los compara con artistas contemporáneos que no son pintores. Es una mujer peligrosa porque siempre trata de ridiculizar el trabajo de nuestros artistas contemporáneos más significativos y reconocidos a nivel mundial. Tiene varios seguidores. Me entristece que la gente no sepa usar puentes, como tú y como yo que usamos este texto para cruzar la distancia espacio-temporal que nos separa.

La muerte no existe. Amigo, cuando sientas nostalgia por la pintura veneciana, usa puentes, ve al museo de San Carlos en la ciudad de México para ver un cuadro de Tintoretto, o mejor aún, si tienes los recursos suficientes, como Avelina Lesper, viaja a Europa y disfruta del arte de otra época pero nunca digas que necesitamos pintores como Nicolas Poussin. Nada es más ajeno a nosotros los mexicanos que la cultura francesa del siglo XVII. Las condiciones geográficas, culturales, políticas, económicas y sociales en las que vivimos actualmente impiden que nuestros pintores jóvenes y los artistas mexicanos en general pinten como franceses.

Hagamos una analogía entre las obras-puente y los puentes peatonales que usamos en la ciudad en donde vivimos. Los puentes que yo uso seguramente no siempre son útiles para ti porque vivimos y trabajamos en lugares distintos, por eso no me exijas que yo utilice los tuyos. La pintura no ha muerto por el simple hecho de que no te guste o porque no la comprendas, ya nacerá otra persona que sí la entienda y que atraviese el puente que tú no puedes o no quieres cruzar.

Nunca he escuchado que alguien diga que la medicina ha muerto porque antes operaban a las personas sin anestesia y hoy ya nadie se somete a ese proceso. La ciencia no se detiene, el arte tampoco. Yo no estoy muerto, el arte jamás. Lo único que huele a muerte es el aliento de Avelina Lesper porque ella falleció hace tiempo. Ella es una muerta en vida, sus ideas son anticuadas y anacrónicas. Yo soy un vivo en muerte.

Los zombis están de moda.

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