Una de las cualidades del cine comercial (o al menos uno de sus aspectos más entretenidos) compete a esa polaridad de opiniones que despiertan, muchas veces, discusiones acaloradas en torno a si se trata o no de una buena película. El cine de arte, por otro lado, siempre parece torcer la mano de la crítica, de modo que las disquisiciones y juicios de los aficionados no se polarizan tan tajantemente; si no que se centran, más bien, en aspectos (obligadamente) profundos y, por lo tanto, mucho más aburridos.

Batman vs. Superman: El origen de la Justicia es la clase de estrenos que convierten a las redes sociales en coliseos discursivos, donde se repliegan opiniones tan variadas que terminan por atraer una mayor audiencia (yo, por ejemplo, estaba seguro de que solo vería esta cinta en caso de que me topara con ella en Netflix en uno de esos domingos que descubres que acabas de ver el último episodio de la temporada disponible de una buena serie), de ahí que, a fin de no forzar las cosas demasiado, planeo colocarme en una posición neutra y calificar esta cinta desde un punto medio.

Anteriormente, referí que Deadpool (Tim Miller, 2016), a pesar de no ser una gran película, resultó refrescante dentro de ese tropel fílmico que inunda las salas con megaproducciones basadas en cómics. A pesar de que el filme de Zack Snyder busca innovar a través de una nueva fórmula (el combate de dos superhéroes canónicos) dista mucho de colocarse como una cinta original. Por el contrario, el (supuesto) antagonismo del Hombre de Acero y el Caballero de la Noche se convierte en un pretexto para mostrarnos una historia insulsa, predecible y hasta flemática (lo que considero una de las características de los últimos filmes de Snyder) que termina por prolongarse demasiado y no aportar nada nuevo. Snyder parece ir “aventando” toda la acción hasta el clímax del filme, centrándose en construir una historia que justifique el hecho absurdo, forzado, casi impensable, de que Batman enfrentará a Superman y de que el primero logrará resistir al menos un par de rounds.

No quiero decir que todo es negativo en Batman vs. Superman. Comprendo que se trata de simple y banal cine de superhéroes y que uno no debe desviarse demasiado en analizar ciertas incongruencias (siempre me he preguntado por qué los kryptonianos hablan inglés). En su defensa, puedo decir que existe una buena mezcla de elementos, como la inserción de la Mujer Maravilla, que logran cuajar a pesar de ciertos agujeros lógicos como el hecho de que Ciudad Gótica se encuentre a un lado de Metrópolis y de que Lex Luthor pueda dar órdenes a la nave espacial del General Zod (una disculpa, me olvidaba de que la naves kryptonianas también hablan la lengua de Shakespeare). De la misma manera, creo que la cinta tiene giros interesantes. Lo que sucede en el Capitolio (que no especificare por evitar el spoiler), llevado de la mano por la buena actuación de Holly Hunter, me pareció una manera de recordarnos que en el mundo de los comics no todo es tregua para una audiencia infantil. Lo anterior, aunado a la innegable genialidad visual y artística de un director como Zack Snyder, permiten pasar un buen rato a pesar de las numerosas fallas de la trama. Tampoco puede pasar desapercibido el soundtrack, conformado por la mezcla del siempre avezado Hans Zimmer con Junkie XL. La música que acompaña las escenas de Luthor me pareció, en ese sentido, bastante lúgubre y emotiva.

Desafortunadamente, con la salvedad de Watchmen, Zack Snyder nunca ha sido bueno con los repartos. Tampoco con la construcción de personajes puesto que siempre se sienten absolutamente planos y condicionados a comportarse dentro de los límites de sus estereotipos. A pesar de que intentó revertir esto último con Bruce Wayne, el actor Ben Afflek, de quien no podíamos esperar otra cosa, termina por mostrarnos al mismo héroe pedante de Armageddon (Michael Bay, 1998) o Pearl Harbor (claro, también de Michael Bay, 2001). No me extrañaría ver, en la secuela, una escena que involucre a Afflek, unas galletitas de animalitos y a Diana Prince. De Henry Cavill hay que decir muy poco. Es más, creo que no hay que decir nada. Ni Jeremy Irons, en el papel de Alfred, ni Holly Hunter como la senadora Finch, logran salvar el lastimoso elenco. En cuanto a Jesse Eisenberg, creo que este actor logró consolidarse, al menos, como el peor Lex Luthor de todos los filmes y series televisivas que se han hecho sobre el Hombre de Acero. En su patética emulación a la demencia que caracterizó al Joker de Heath Ledger, Luthor terminó pareciéndose a uno de esos adolescentes idiotas que interpreta Michael Cera.

En resumen, creo que Batman vs. Superman se mantiene como una cinta mediocre dentro de un género que, en general, ya se ha tornado bastante mediocre. Aun así, es posible pasar un rato agradable si uno se libera de toda petulancia cinematográfica y comprende que se acude a la sala a presenciar justamente eso: una batalla entre Batman y Superman.

Y como bien dije, a fin de mantenerme en un punto medio, calificaré este filme con 5 notas en negro.

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