Durante los días previos a la celebración del simbólico partido de Oro, distintos comentaristas televisivos llegaron al punto de atreverse a cuestionar uno de los adagios más viejos que conoce el futbol americano. Los viejos entrenadores repetían: son las defensivas las que ganan campeonatos. Y anoche tal noción se comprobó nuevamente y con claridad. Pocos deportes requieren de gran coordinación y esfuerzo colectivo como este deporte. Sólo a través de funcionar como una máquina bien engrasada se cosechan los triunfos definitivos.

Y es que aunque Von Miller se llevó el premio al jugador más valioso; lo cierto es que la defensiva de los Broncos de Denver tuvo un rendimiento sublime y muy poquito detrás de quien desarrollara jugadas claves y provocara balones sueltos debemos mencionar a DeMarcus Ware y al resto de linebackers y frontales del equipo de Colorado. Pero no sólo ellos –que fueron un azote constante- e impidieron las carreras y pusieron en jaque a Cam Newton; la defensiva secundaria impidió que los receptores se desmarcaran.

Y ahí no para todo. También en equipos especiales aportaron los toques de distinción. Tuvieron el regreso de patada de despeje más largo en la historia de estos partidos. A la postre, también tuvieron mejor posición de campo y ello les trajo beneficios clave que condicionaron el encuentro. Es preciso resaltar que el triunfo del equipo de Gary Kubiak echó por los suelos las predicciones de las casas de apuestas. Este tipo de sorpresas es lo que contribuye a que el futbol americano sea interesante y mantenga un alto grado de tensión.

Peyton Manning puede retirarse como campeón; era evidente de que el brazo ya no le responde como antes y apenas tuvo un partido discreto. Tal vez su mayor virtud haya sido minimizar los errores. Su experiencia le permitió tirarse encima de un balón suelto para evitar daños. Tampoco probó demasiado con pases largos (y aun así tuvo un interceptado). Comandó una ofensiva un tanto conservadora que hizo lo necesario para ganar, y que a diferencia del rival, si logró avanzar corriendo.

El partido de ayer corona una carrera de primer orden, pero a la vez deja en claro que el equipo está muy por encima de las partes. Manning no se despide siendo un héroe épico sino un jugador esforzado y pundonoroso. En la banda contraria, se queda un súper atleta al que todavía le queda tantísimo por aprender (grandes dotes de humildad entre ellas). Peyton nos remitía al pasado y le sacó lustre. Newton representa el futuro, pero ayer terminó abrumado y extraviado. ¿Quién dice que la presión es sencilla de dominar?

Broncos de Denver vs Panteras de Carolina no alcanzó la emoción sublimada de otros partidos históricos, pero sirve como una lección ejemplar acerca de la naturaleza de este deporte. Cada cuál debe estar en su sitio, dar el máximo esfuerzo, librar batallas que demanden al máximo al físico. Ayer hubo un partido luchado tremendamente que nos dejó ver que al emparrillado saltaron verdaderos hombres y que el rating no hace que te duelan menos los golpes. Los Broncos se impusieron en las trincheras, mermaron la resistencia de su oponente y le dieron toda la Kryptonita necesaria al Superman Newton –que tendrá que madurar-. Le viene bien al futbol americano que en sus bodas de oro lo que se impongan sean los moretones, las torceduras y el carácter de los jugadores. Anoche hubo un gallardo encuentro al que puede considerársele completamente terrenal; no todos los días la épica puede desbordarse y hacernos creer que tenemos delante a héroes mitológicos. Lo de ayer fue humano, maravillosamente humano.

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