En mis libreros guardo algunos ejemplares muy significativos para mí. Son textos que rondaba en las librerías, leía algunas páginas y los volvía a dejar en su lugar porque no tenía dinero para comprarlos. Me obsesionaban. Pasaban algunos días y regresaba a seguir leyendo en donde me había quedado la última vez.

El libro más lejano de mi casa estaba en una librería del centro de Coyoacán, se llama Francis Bacon Anatomía de un enigma, escrito por Michael Peppiatt y publicado por primera vez en 1996 en Nueva York. La versión que yo leía era la traducción de Cristina Salmerón publicada por Gedisa.

El pintor Francis Bacon nació en Irlanda en 1909. El capitán Edward Bacon corrió de casa a su hijo Francis cuando lo sorprendió poniéndose la ropa interior de su madre. Tenía 16 años cuando salió de su hogar familiar en Irlanda para nunca volver. Este exilio le dio libertad para vivir fuera de las rígidas reglas que su padre imponía en casa. Nunca cursó estudios formales de pintura y, a pesar de ello, durante la segunda mitad del siglo XX llegó a ser considerado el pintor vivo más importante de su época.

Francis Bacon, Dos figuras, óleo sobre tela, 1953.

Francis Bacon, Dos figuras, óleo sobre tela, 1953.

Son famosos sus trípticos de crucifixiones y retratos, también lo son sus luchadores: parejas de hombres copulando a partir de estudios fotográficos de Eadweard Muybridge sobre el movimiento del cuerpo humano. El Museo Tamayo tiene una pintura de este tipo en donde dos figuras humanas se convulsionan frenéticamente sobre un restirador y mientras un mono descansa debajo de la mesa.

A finales de los años noventa del siglo XX se proyectó en la Cineteca Nacional la película intitulada «El amor es el diablo» dirigida por John Maybury. Leí la reseña en una revista y lamenté no poder asistir a la última función de esa tarde. Pasaron más de quince años para que pudiese verla en Internet (aquí). La película narra la relación de Bacon con su pareja George Dyer. La fotografía de este largometraje remite a las pinturas de Francis Bacon a través de deformaciones, reflejos y transparencias conseguidos objetos de cristal, los cuales evocan los rostros deformes de sus pinturas.

Actualmente podemos ver en la Ciudad de México un par de pinturas de Bacon. Ambas son buenas piezas: Estudio para una corrida no. 1 y Osamenta carnosa con ave de rapiña. Usted podrá encontrarlas en la última sala de la exposición Los modernos, en el Museo Nacional de Arte (MUNAL). La muestra concluye el tres de abril.

No sólo vale pena asistir por las obras de Bacon sino por la mayoría de las obras expuestas, las cuales forman un recorrido por las vanguardias artísticas del siglo XX como el fauvismo, el cubismo y el surrealismo.

En lo personal pude disfrutar el cubismo analítico de George Braque, de la pintura matérica de Tápies, del informalismo de Fautrier y de unas deliciosas cervezas en el Salón Corona después del Museo. No deje de asistir al museo, al Salón Corona o a ambos.

Imagen de portada hecha por Harry Benson y tomada de aquí

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