«Paraná», libro de poemas editado por Cuneta, es la tercera publicación del escritor Sebastián Astorga (Santiago de Chile, 1980). Es un libro que alumbra la geografía de lo que se esconde a simple vista, como Un sol de otoño penetra por la ventana o Siete matas descuidadas que se tiñen de verde.

Astorga presenta a lo largo de este libro imágenes que revelan un viaje (a veces interno, a veces externo y literal), y se apoya de éstas para trazar una línea de la cual el lector también es testigo entre lo asible y lo inasible. A la vuelta del verso uno puede encontrar lo mismo caballos o un ovni o una montaña mágica que puede cambiar de lugar.

El libro es una serie de poemas (quiero pensar, fragmentario entre sí) que no tienen t con mucha claridad. den entre s(quiero pensar fragmentario entre s autor las acompaña; parecen verosimiles. quiero decir es queítulo, pero que responden con mucha claridad y se intercalan entre el verso y la prosa, lo que ayuda a darle fluidez y frescura.

Paraná es una bitácora de la que Astorga echa mano para dibujar una ruta, la suya propia en la que las cañerías:

Las cañerías son profundas amazonas

Las ventanas el cielo mismo

Las escaleras bosques diagonales

El cielo es el fruto de un volcán

Un avión no es más que un pájaro”.

El yo lírico alcanza prosopopeyas que a la luz de los versos con las que el autor las acompaña parecen verosímiles. Cito un fragmento de esto que menciono:

Hay pisos y sillas dispersas donde posamos los pies

Las bicicletas descansan a la entrada del pasillo

En la cocina pestañea una luz

Colillas de cigarros duermen en la escalera

En una de las piezas murmura un televisor

Por la calle los autos se alborotan rumbo a sus hogares.

El lenguaje utilizado en este libro es cotidiano, lo mismo la palabra ovni que computador (computadora, para nosotros) o mochila o empleo. Confieso que siento simpatía por este tipo de poemas en los que el autor arrastra su propio lenguaje al libro.

Hay una coquetería (o no) oculta a lo largo de los poemas y también un fuerte deseo de repeler el orden de la vida y preferir el hedonismo y la observación. Leer este libro es quizá como quien pasea por una casa usando pantuflas de Gorila. Se nota un poeta divertido de sí mismo.

Viene a mi mente un poema del escritor argentino Fabián Casas, quien pone un alto en la escritura de sus poemas y al salir a tirar la basura piensa en la muerte:

Era uno de esos días en que todo sale bien.

Había limpiado la casa y escrito

dos o tres poemas que me gustaban.

No pedía más.

 

Entonces salí al pasillo para tirar la basura

y detrás de mí, por una correntada,

la puerta se cerró.

Quedé sin llaves y a oscuras

sintiendo las voces de mis vecinos

a través de sus puertas.

Es transitorio, me dije;

pero así también podría ser la muerte:

un pasillo oscuro,

una puerta cerrada con la llave adentro

la basura en la mano.

 Al igual que Casas, Astorga hace metáforas de algo más, todo, hablando de cosas sencillas, y en mi muy personal punto de vista, la poesía, más que un acto de retórica, debe ser un acto de observación, cosa que tanto a Casas como a Astorga les sale muy bien, sin duda alguna.

El segundo libro, coautoría con Gabriel Zanetti, es una enumeración que se divide en dos: “El libro de las Prohibiciones” y el de los “títulos”. Esta publicación que hizo Lecturas Ediciones en 2014, en cierto momento corre el riesgo de parecer predecible y excesiva, y este recurso es utilizado hasta el infinito.La primera parte es una lista de “cosas prohibidas” que da la impresión de ser arbitraria, aparecen objetos, escritores, cantantes, músicos, actores, pintores e infinidad de verbos, acciones, movimientos que están separados por una diagonal, a la manera del corte de verso.

El título pone al lector sobre aviso, puesto que una parte prohíbe y la otra da nombre. No obstante, la sorpresa está muy bien oculta, puesto que (pensando en la primera parte) en lo aparentemente prohibido, que aparenta ser casi todo, está la nada de lo no prohibido, que es todo, entre lo prohibido está lo permitido (es aquí donde los autores develan el misterio).Como ejemplo un fragmento:

El día antes de las elecciones/ las erecciones /Manzanero es la raja /Silvio / Los antiguos amigos / El dolor de estómago / Un domingo sin Copa Davis / Manuel García / Las fundaciones / Morir / El Barroco / El neobarroco y el que vendrá / La arena / Los cepillos de dientes / El hilo dental, por supuesto / Los choapinos / Frank Sinatra es obligatorio / Los espirales están /

La segunda parte, es decir, la de los Títulos, personalmente me interesa, partiendo de que para muchos escritores los títulos son verdaderamente un dolor de muelas. Los “títulos” son una miscelánea de ideas que verdaderamente se antoja desarrollar.

Ambas partes del libro, en momentos, me recuerdan (para bien, debo aclarar) al viejo juego de los surrealistas, el cadáver exquisito pero a ratos inocente, a ratos aforístico, a ratos chistes o ingeniosos tuits con elegantes aliteraciones.

Quizá la extensión no ayude al libro, puesto que torna cansado leerlo; sin embargo, encontramos en él un flujo bastante interesante y un ejercicio del ingenio que se sostiene con ritmo y cadencia dentro de los mismos versos que evita la monotonía.

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