Creo que, entre los diversos comediantes de Saturday Night Live que han hecho carrera en la pantalla grande, Will Ferrel me parece el más antipático, fastidioso, poco original y dependiente de una gesticulación hiperbólica que intenta compensar su falta de ingenio. Por lo anterior, pensé que La gran apuesta, del director Adam McKay (quien ha trabajado en incontables ocasiones como guionista y director para las películas de Ferrell) repercutiría en un proyecto fallido, producto de ese ánimo reivindicatorio de ciertos cineastas que desean incursionar en los filmes serios.

Afortunadamente, esto no fue así.

La gran apuesta se presenta como una cinta amena, divertida y absorbente, a pesar de la complejidad de su trasfondo: la antesala de una de las crisis económicas más devastadoras para el mundo (y por “mundo” debe entenderse, por atender el subjetivismo de la historia, los Estados Unidos de Norteamérica). Esto se debe, en parte, a que este tema es abordado desde una perspectiva sardónica, atribuible, sin duda, a los antecedentes de McKay en la comedia. Por lo mismo, aunque se trata de un tópico espinoso (y que en lo personal me resultó difícil de seguir) el guion logra hacerlo apacible a través de la irreverencia de las situaciones y los personajes que componen esta complicada historia. El discurso crítico y económico de La gran apuesta se percibe, en realidad, como una farsa teatral antes que como una tragedia igual de fastidiosa que las actuaciones de Will Ferrell (quien, afortunadamente, no actúa en esta película).

Ahora bien, esto no implica que la cinta se presente como una burla a un suceso de innegable seriedad; por el contrario, su ligereza fortalece, justamente, el contexto de la trama, de modo que el imperio de Wall Street se exhibe como un laberinto kafkiano de absurdos. Esto no sucede, por ejemplo, con Margin Call (J.C. Chandor, 2011), filme que también aborda el tema de la crisis; pero que resulta demasiado serio y circunspecto para atraer a cualquier persona que desconozca el complejo mundo de la economía (como en el caso de un servidor).

A pesar de lo anterior, considero que La gran apuesta se dedica a estructurar el contexto crítico y se olvida, por completo, del desarrollo de sus personajes. La película cuenta con un excelente reparto: Christian Bale, quien ha despuntado, merecidamente, tanto en el cine mainstream como en el de culto (imposible no recordar su interpretación de Patrick Bateman en American Psycho), Ryan Gosling y Brad Pitt (este último, en un papel secundario; pero sobrio y contundente) conforman un elenco que se enaltece por la peculiaridad de a quienes interpretan. Incluso Steve Carrell logra presentarnos a un protagonista interesante que no se sostiene, únicamente, en la comicidad del actor. Aun así, creo que los personajes comienzan a diluirse en el embrollo discursivo y pasan, eventualmente, a un segundo plano.  Esto último ocasiona un declive argumental que termina, incluso, por aburrirnos. Después de todo, desde el inicio de la historia, nos queda claro cuál es la finalidad de la misma; por lo anterior, no es difícil anticipar el desenlace o el mensaje de esta película. Lo anterior deviene en una falta de giros que ayuden a mantenernos “al borde del asiento”, así como en incontables bostezos que (al menos en el caso de muchos de los espectadores que estuvimos en la misma sala) resultan contagiosos. Creo que esto pudo haberse revertido con una aproximación apropiada a unos personajes que, en sí, interesan desde el principio. Pienso que McKay se preocupó demasiado por “aterrizar” el contenido económico del filme y descuidó, por ello, la construcción de la trama.

 En resumen, La gran apuesta es una buena cinta que despierta, lo mismo risas que una frustración aunada a la manera en que los bancos juegan con el destino de millones de trabajadores (en E.E.U.U, por supuesto; seguramente en México no pasa esto). A pesar de que el trasfondo resulta algo tedioso y repetitivo, al menos nos deja la sensación de que logramos comprender un poco de ese enredo financiero que, seguramente, muchos seguimos sin entender. No me extrañaría ver que esta cinta elude la opinión de los grandes bancos a pesar de que elabora una denuncia expresa sobre los actores específicos que contribuyeron a la gran crisis económica. Que el cinismo los acompañe.

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