Un disco

Ricardo Vicente

Hotel Florida

2015

A estas alturas de la historia musical del siglo, qué difícil e incómodo resulta el epíteto de cantautor; en la tradición latinoamericana pareciera insalvable el lastre que representan la nueva trova o bien ese adefesio deleznable que es Ricardo Arjona –una mierda del tamaño de un pino-. Mucho más cómodo es el término singer-songwriter del ámbito anglosajón, por no mencionar lo grandioso de la chanson francesa. En el reino imaginado por Cervantes hay que sudar doble o triple para hacer de cancionero y que el asunto resulte notable y estimulante.

¡Y vaya que “Belleza y miedo” –la canción de apertura- merecería un premio especial! Hay un gran dominio de la profesión e imágenes hermosas e inspiradas. Pero si ello no bastara, aparece una “Llamada de despedida a un dealer”, cuyo mayor acierto es una polivalencia interpretativa. Una misiva desesperada puede pasar también por una intensa odisea amorosa.

Aunque a fin de cuentas no son temas acústicos sino pop rock –con banda completa- que potencian el disfrute. Porque “Muriendo de frío” también aplastaría a lo que ofertan otros muchos artistuchos de tres al cuarto y que dominan Los 40 principales de México y España. ¡Cuánto haría falta que esto se radiara masivamente!

Aquí tenemos nueve pequeñas maravillas de parte de un compositor impecable y sensible. (¿Costaría mucho que en México algo le aprendieran Enjambre y Comisario Pantera?, entre otros) El buen amigo de The New Raemon y Francisco Nixon hace patente lo que ha crecido contando historias musicalizadas. “Rwanda” toca incluso el genocidio africano.

Sin duda, un disco memorable y querible para todo aquel escucha que tenga la fortuna de llegar a él y tenga más sensibilidad que un pez. Por cierto, el título se debe a un legendario y literario hotel madrileño, por donde pasaron Dos Passos y Hemingway.

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Un libro

Juan Nicolás Becerra

Antonio Ortuño

Méjico

Ed. Océano

La reciente novela de Ortuño cuenta dos historias paralelas en distintas épocas y tiempos; por un lado hace una remembranza de una familia de republicanos españoles huyendo al exilio americano, donde prevalece la penuria de la derrota de la causa y la huida es sumamente peligrosa y fracturada. Por otra parte, cuenta la desdicha de un descendiente de españoles en una Guadalajara violenta asediada por la criminalidad. Omar -el personaje central- es testigo de un brutal asesinato y tiene que escapar a “la madre patria” en busca de refugio y porvenir -¡Qué paradoja tan bien elaborada!-.

Un libro trepidante con múltiples personajes e historias entrelazadas en un lugar donde abundan el pesimismo, la doble moral, la desazón del fracaso y donde impera la corrupción como método de sobrevivencia. La narrativa incisiva de Ortuño logra establecer un diálogo con el lector a través de frases como: “tanto pinche Derridá para echarle tortillas a un charro”, le dice Omar a Liliana, venciéndola de risa en ese idilio que se cristaliza en un matrimonio intachable que a la postre los convierte en cómplices, dado que Omar debe reparar su pasado y lo hace sacando la casta española y brutalmente mata a su posible vengador. Al final, las historias coinciden en un lugar común donde todos somos forajidos en busca de nuestro bienestar.

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