Antes de que surgieran los manuales de autoayuda, los coach de vida, la mentalidad fitness, los memes con frases de la “literatura de Paulo Cohelo” y todas esas nuevas religiones del ser excelente que guían al ser humano contemporáneo, existía ya la búsqueda de un ser supremo que te guiara. Quizá por ello, entre las empresas más exitosas que han estado presentes desde el principio de la humanidad están los templos y los lupanares. El pensamiento y la carne.

Michael Onfray escribe en su Tratado de ateología que “Difícil, por lo tanto, reconocerse como ateo… Nos llaman así, y siempre ante la perspectiva insultante de una autoridad dispuesta a condenar. La construcción de la palabra lo precisa, por lo demás: a-teo. Como prefijo privativo, la palabra supone una negación, una falta, un agujero y una forma de oposición. No existe ningún término para calificar de modo positivo al que no rinde pleitesía a las quimeras fuera de esta construcción lingüística que exacerba la amputación: a-teo, pues, pero también in-fiel, a-gnóstico, des-creído, ir-religioso, in-crédulo, a-religioso, im-pío (¡el a-dios está ausente!) y todas las palabras que derivan de éstas: ir-religión, in-credulidad, im-piedad, etc. No hay ninguna para significar el aspecto solar, afirmativo, positivo, libre y fuerte del individuo ubicado más allá del pensamiento mágico y de las fábulas.

El ateísmo proviene de una creación verbal de deícolas. La palabra no se desprende de una decisión voluntaria y soberana de una persona que se define con ese término en la historia. La palabra ateo califica al otro que rechaza al dios local cuando todo el mundo o la mayoría creen en él. Y tiene interés en creer… Porque el ejercicio teológico en el poder se apoya siempre en las fuerzas armadas, las policías existenciales y los soldados ontológicos que eximen de reflexionar e invitan a creer y a menudo a convertirse lo más pronto posible”.  Concuerdo en parte con él y por otro lado, como no podría ser de otra manera, me traiciono en mis pensamientos cuando me encuentro colocando mi fe y los parámetros de mis creencias en un partido de futbol o en el recuerdo de mis padres vistiéndome de indígena para llevarme como manda a la basílica de Guadalupe un 12 de diciembre.

Contradicciones todas como decir: “indio sí, pero con botines”, o como manifestar: “no me gusta el futbol, pero le voy al Real Madrid y al Ame”; o peor aún: “los puteros me deprimen, pero me gusta ir a ellos para recuperar mi esperanza del amor puro”.

El pensamiento y la carne. La acción precedida de la negación. Caminar por el mundo y dejar que éste juegue con nuestro corazón como si fuera un jenga. Y que nuestros pensamientos se obnubilen. Se cambien. Creer en algo, lo que sea. Ése tal vez sea nuestro sino.

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