Hace 25 años vio la luz uno de los mejores álbumes que se han hecho en la historia de la música moderna: “Achtung Baby” de U2. Mucho se le podrá recriminar ahora a la banda de origen irlandés, principalmente en cuanto a creatividad, pero lo que difícilmente se puede negar es que el 18 de noviembre de 1991 nos entregaron una auténtica joya. Un álbum con grandes canciones y con una producción impecable, un álbum completo e innovador, de esos que cuesta trabajo encontrar.

El séptimo álbum de estudio de U2 no fue sencillo de realizar, mientras “Achtung Baby” era concebido, la banda se enfrentó a momentos difíciles debido a diferencias artísticas, la necesidad de cambio de unos y el miedo al cambio de otros.

En la segunda mitad de la década de los 80, U2 se acercó a la música estadounidense al grado que, de una u otra forma, aisló su identidad irlandesa. “The Joshua Tree” y “Rattle and Hum”, ambos influenciados por el rock, el góspel, el folk y el blues norteamericano, los catapultaron a la fama mundial. No empezaba todavía la siguiente década cuando U2 era ya una banda de estadio. Pero el éxito no los tenía del todo felices, se sentían creativamente insatisfechos. Mientras ellos se dejaban llevar por las raíces de la música norteamericana, del otro lado del Atlántico había surgido una nueva ola de música electrónica y el sonido “Manchester”, ante ambas, la música de U2 no se presentaba como algo muy innovador. Es así como el penúltimo día de 1989 en el último concierto de la gira Love Town Tour en su natal Dublín, Bono anuncia “el fin de algo para U2”.

Poco antes de entrar al estudio a grabar el siguiente álbum sucedió algo interesante, a partir de un proyecto para musicalizar “La Naranja Mecánica” en su versión para teatro, Bono y The Edge comienzan a interesarse mucho en la música electrónica y en el rock industrial. Al mismo tiempo, dada la convivencia, empezaron a componer canciones entre ellos, prescindiendo de Larry Mullen Jr. y a Adam Clayton. Bono y The Edge estaban creándose una idea musical muy diferente a la de sus otros dos compañeros de banda, esto les acarrearía muchos problemas al momento de grabar pero también daría como resultado un disco innovador.

U2 escogió Berlín para grabar. Una ciudad que en esos momentos estaba transformándose y era el símbolo de la Europa unida, precisamente acababa de ser derribado el Muro de Berlín. ¿El lugar? Los míticos Hansa Studios, el mismo lugar en donde años antes David Bowie había grabado sus famosos “Low” y “Heroes”. La producción estuvo a cargo de Daniel Lanois y Brian Eno, productores con los que ya habían trabajado en dos álbumes anteriores. Daniel Lanois era el productor principal, con él era con el que trabajaban a diario, mientras que el trabajo de Eno era distinto. Brian Eno llegaba después de largas jornadas de trabajo a dos cosas: a mediar el conflicto que se creaba por las ganas de experimentar de Bono y The Edge y, como declaró en una ocasión al diario Chicago Sun, a “borrar todo lo que sonara demasiado a U2”.

Berlín no fue lo que esperaban, la ciudad en vez de inspirarlos los deprimía y había dificultades técnicas, dada la situación de Alemania en esa época tenían que importar equipo para poder grabar. Pero el mayor problema no estaba ahí, sino en lo creativo. Bono y The Edge querían experimentar esos nuevos ritmos y sonidos que traían de sus sesiones de electrónica e industrial mientras que Larry Mullen y Adam Clayton Jr. seguían inmersos en el rock clásico. La mitad de la banda no quería sonar más a U2 mientras que la otra mitad quería seguir sonando así.

The Edge estaba muy interesado en la tecnología y las cajas de ritmo, esto incomodó mucho al baterista porque se sentía desplazado, el ritmo y ciertas percusiones ya no las ponía él sino una máquina, era él detrás de una máquina. Las sesiones de grabación empezaron a subir de tono al grado de llegar a pensar en separarse. Tuvo que venir Brian Eno a calmar las aguas y tras una larga charla les mostró que la idea de The Edge no era incompatible con el sonido y la estructura de las canciones de U2. Los convenció de que se puede hacer una canción con una estructura clásica (estrofa, estribillo, puente) y al mismo tiempo se puede experimentar. Algo que hoy parece muy normal, en aquel tiempo no lo era.

Para quedar completamente convencidos y volver a unir aquello que estaba roto, tuvo que suceder algo grande. The Edge encontró adentro de una canción que se llamaba “Sick Puppy” (que a la larga sería “Mysterious Ways”) la secuencia de acordes que volvería a unir a U2: La menor, Re, Fa, Sol. A esa secuencia Bono le puso letra y así nació “One”, una de las canciones más emblemáticas de la banda. Que a diferencia de lo que mucha gente cree, no es una canción que habla de unión.

Con una mejor actitud y después de pasar la Navidad, regresaron a Berlín a terminar pendientes y entonces decidieron mejor moverse a Dublín, su ciudad. Ahí rentaron una casa y acondicionaron un estudio. Las sesiones se volvieron mucho más productivas no sólo porque las diferencias se habían superado sino porque llegaban de mejor humor al estar en casa. U2 no sólo había vuelto a nacer sino que además estaba renovado.

“Achtung Baby” ha vendido alrededor de 18 millones de copias y prácticamente no hay lista en donde no esté considerado como uno de los grandes álbumes de la historia del rock.

Después siguió el Zoo TV Tour, una de las giras más impresionantes y ambiciosas que se han logrado. Una gira que contó con un gran repertorio musical, un alto nivel de tecnología y una enorme creatividad.

Los 25 años “Achtung Baby” son un buen pretexto para escuchar el álbum no por nostalgia sino por apreciación musical y dejar a un lado tantos prejuicios que existen hoy sobre U2. Sí, es verdad, tienen años sin hacer buena música, años que dejaron el gusto por reinventarse, pero también es bueno reconocerles como lo que son: unos grandes músicos.

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